Lesiones frecuentes en Balonmano

Las lesiones de hombros, codos y manos son frecuentes en el balonmano, donde se sufren lesiones crónicas derivadas del sobreuso de la extremidad superior.

Principales lesiones del Balonmano

 En el balonmano hay lesiones agudas, que se producen durante el juego, y lesiones crónicas, producidas por el sobreuso de la extremidad después de años de práctica.

En el caso del balonmano, las lesiones del miembro superior suelen ser crónicas, mientras que las lesiones del miembro inferior suelen ser agudas, sobre todo en la rodilla y en la región lumbar.

Lesiones de hombro

 La articulación del hombro, durante la práctica del balonmano, sufre un proceso de aceleración brusca, así como unos ciertos movimientos ciertamente “anormales” (abducción y rotación externa). Es por este motivo que las lesiones del hombro en balonmano son muy habituales.

A parte, el balonmano al ser un deporte de contacto, si se bloquea el hombro en contra de toda la inercia del movimiento que lleva un jugador en carrera, se produce una desaceleración brusca que puede lesionar las estructuras ligamentosas del hombro.

Es sobre todo en los movimientos de lanzamiento de la pelota cuando más sufre el hombro. Esto se debe a que situamos el hombro en la posición más forzada (brazo levantado y en rotación externa) para conseguir la máxima amplitud de movimiento y la mayor potencia en el lanzamiento, parecido a otros movimientos de lanzamiento en otros deportes, como el saque en el tenis.

Las lesiones más frecuentes que se producen en el hombro:

-Lesiones del manguito rotador

 -Lesión SLAP

 -Pérdida de rotación interna del hombro, que se produce en casi todos los deportes de lanzamiento

 Discinesia escápulotorácica, que es una alteración de la sincronización en la articulación de la escápula con la pared torácica.

 El tratamiento de estas lesiones suele ser conservador, con programas de readaptación y fisioterapia, especialmente en la discinesia escapulotorácica y en la limitación de la rotación interna. En cambio, aunque en las lesiones SLAP y de manguito rotador suele intentarse inicialmente un tratamiento de fisioterapia, si no es efectivo hay que recurrir a técnicas quirúrgicas.

Estas lesiones se producen generalmente como consecuencia de gestos del propio jugador durante la práctica deportiva, por ello es muy importante tener una técnica muy depurada y medidas de prevención.

Se ha demostrado la efectividad de programas preventivos que incluyen ejercicios que incrementan la rotación interna de la articulación glenohumeral, la del hombro como tal, y que potencian la fuerza de la rotación externa y de la articulación de todos los músculos involucrados en la articulación de la escápula con el tórax.

También se ha demostrado que es muy importante incluir ejercicios que mejoren la cadena cinética que afectan a la movilidad de todas las estructuras del tronco.

Pero fundamentalmente la prevención de lesiones en el hombro debe centrarse en que el deportista tenga una fuerza lo más balanceada posible en los grupos musculares que intervienen en la articulación de la movilidad del hombro.

Lesiones del codo

 Las lesiones crónicas de codo son frecuentes en los jugadores de balonmano. Están provocadas generalmente por el exceso de valgo de codo que se realiza cuando se hace un lanzamiento. Es decir, el eje del antebrazo se aleja de la posición normal hacia afuera. Eso hace que el codo pueda volverse en algunos casos inestable y pueda provocar determinadas patologías. Esas patologías son:

-Inestabilidad crónica de codo

-Neuropatía del nervio cubital

-Aparición de pequeños “cuerpos libres” dentro de la articulación

 Igual que ocurre con las lesiones del hombro, se puede comenzar con un tratamiento conservador. Sin embargo, en las lesiones de codo habrá casos que acabarán necesitando tratamiento quirúrgico, que en algunos supuestos podrán ser tratados por artroscopia.

En otros casos habrá que recurrir a cirugía abierta, con la finalidad de reconstruir las estructuras ligamentosas, tendinosas o para la liberación de algunos nervios que puedan estar afectados por el mecanismo forzado de valgo continuo que realizan este tipo de deportistas en las maniobras de lanzamiento.

Lesiones de la mano

Las lesiones de la mano son muy parecidas a las que sufren en la mano los jugadores de baloncesto. La razón es que en ambos deportes hay unos mecanismos similares de recepción de la pelota. Destacan las lesiones en tendones y ligamentos de los dedos, que dependiendo de la severidad pueden requerir reconstrucción quirúrgica.

Este tipo de lesiones, a diferencia de las de hombro y codo, pueden encuadrarse en las lesiones agudas producidas por la práctica y no por el sobreuso de años acumulados de práctica deportiva. Lesiones:

Luxaciones de las articulaciones interfalángicas de los dedos o esguinces de los ligamentos si no llega a producirse la luxación de la articulación.

 Especial importancia puede tener el esguince que se produce en el ligamento colateral cubital de la articulación metacarpofalángica del pulgar, frecuente en deportes en los que el pulgar se ve sometido a estrés en la recepción de la pelota.

 Lesiones de rodilla

 Por último, conviene mencionar también las lesiones del ligamento cruzado anterior de la rodilla, generalmente son más frecuentes en deportes que se ven obligados a realizar movimientos de giro como son fútbol, baloncesto, voleibol, balonmano, rugby y atletismo.

La lesión se produce al realizar un giro de la tibia con el pie fijado en el suelo superando los límites de elasticidad del ligamento cruzado anterior.

En ocasiones se ha señalado la incidencia superior de esta lesión entre las jugadoras de balonmano con respecto a los varones. Entre los factores que explicarían esta preponderancia están la preparación y las diferencias biomecánicas entre hombres y mujeres, cuya mayor anchura de caderas provoca una mecánica de movimiento más laxa y por tanto más proclive a provocar la lesión.

Cuando el Ligamento Cruzado Anterior se rompe

La rodilla es la articulación más grande del esqueleto humano y sus distintas lesiones son las más frecuentes entre los deportistas.

¿Cuáles son los principales ligamentos de la rodilla?

 De los cuatro grandes ligamentos que sustentan la articulación, los cruzados son los que unen la tibia con el fémur en el interior de la rodilla y proporcionan estabilidad en los movimientos de extensión y flexión.

¿En qué deportes tienen mayor presencia?

 Generalmente son más frecuentes en deportes que se ven obligados a realizar movimientos de giro como son fútbol, baloncesto, voleibol, balonmano, rugby y atletismo.

¿Por qué casi nunca se trata de una lesión aislada?

Generalmente la lesión se produce al realizar un movimiento de rotación tibial externa combinada con valgo en una posición de extensión o flexión parcial de la rodilla. Este movimiento brusco suele lesionar otras estructuras de la rodilla como son los ligamentos colaterales y meniscos.

Momento de la rotura

La lesión se produce al realizar un giro de la tibia con el pie fijado en el suelo superando los límites de elasticidad del ligamento cruzado anterior.

Fases de la recuperación

Tras la intervención quirúrgica, los plazos de recuperación para volver a pisar el terreno de juego van de los 8 a los 9 meses.

 

 

 

Cómo recuperarse de un esguince

Esguince de tobillo: el más frecuente

El esguince de tobillo es uno de los más habituales, tanto en deportistas como en no deportistas. Esto se debe a que es una articulación de carga, como la rodilla, y resulta fundamental en infinidad de gestos deportivos, pero también de la vida diaria. Ahora bien, no todos son igual de complicados, por eso los clasificamos en distintos grados según la gravedad:

Esguince de grado I (se puede caminar pero con dolor). Lo que se ha producido es una distensión de ligamento, pero la rotura de fibras no supera el 5%.

Esguince de grado II (inflamación, derrame y dolor intenso). Se produce rotura de ligamento (generalmente no superior al 50%), lo que dificulta la carga en esa articulación).

Esguince de grado III (rotura, falta de estabilidad y pérdida de función). Éste es el esguince más grave, con rotura en gran parte de su estructura. Desde el primer momento, no podemos apoyar el pie, la inflamación se hace visible y notamos un dolor muy intenso.

Tratamiento

Lo primero de todo, aplicar hielo en esguinces de I y II grado y dejar la articulación en descanso. También será de gran ayuda el uso de baños de contraste, masaje circulatorio y distintas técnicas de electroterapia, fundamentales para drenar el derrame, bajar la inflamación y paliar el dolor.

Aunque en algunos casos se requiere inmovilización completa e incluso tratamiento quirúrgico (grado II-III), la gran mayoría de los fisioterapeutas, tienden a un reposo relativo y una mínima inmovilización y optan por vendajes neuromusculares y funcionales que nos aseguren la estabilidad de la articulación afectada, el reposo necesario para el ligamento que tiene que reparar sus fibras y favorezcan el drenaje del hematoma. Eso sí, no debemos olvidar que, mientras tanto, debemos mantener la funcionalidad de todas las articulaciones vecinas para evitar que se atrofien y facilitar posteriormente la recuperación.

Una vez realizado este proceso, la recuperación pasará por distintas fases. Cuando hayamos pasado la más aguda, debemos centrarnos en recuperar la función, ir ganando recorrido articular, trabajar la propiocepción y potenciar la musculatura adyacente. En todo momento tendremos que comprobar las posibles compensaciones que esté haciendo el paciente, testar que el astrágalo (hueso articulado con la tibia y el peroné) no esté anteriorizado o si están apareciendo puntos gatillo que puedan entorpecer la evolución.

En  la fase final, tendremos que estudiar en concreto la actividad del paciente y entrenarle progresivamente para su vuelta. Iremos aumentando la carga (en cuanto al apoyo sobre tobillo) de parcial a total y posteriormente el impacto (saltos, zancadas…) Eso sí, se recomienda que la vuelta a la actividad deportiva se realice con protección de la zona lesionada, por el efecto físico y psicológico que puede producirse.

Lesión del manguito rotador

Uno de los problemas más comunes que afectan a la articulación del hombro es la patología de los tendones que mueven el hombro y el brazo que en conjunto se llama manguito rotador.

Ciertas prácticas deportivas condicionan este tipo de lesiones; por ejemplo, puede darse en los levantadores de pesas, cuando realizan movimientos erróneos y el peso con el que trabajan ‘se va hacia atrás’, con lo que se genera una contractura muscular, movimiento forzado e inadecuado que produce el desgarramiento o la ruptura del manguito rotador.

Los tenistas también se encuentran expuestos (de hecho hay quienes llaman a este problema «hombro de tenista«), ya que en algunos de los saques que se realizan para poner en juego la pelota pueden forzar de más la articulación.

En general todos los deportes de raqueta tienen este riesgo y se debe, principalmente, a la falta de calentamiento adecuado, ya que obligar a los músculos a trabajar de más cuando están fríos sólo nos lleva a forzarlos.

También puede haber lesiones por golpes en accidentes automovilísticos, o bien al cargar un objeto pesado y forzar el movimiento giratorio del hombro, el cual debe soportar un peso mayor del que puede tolerar; por ejemplo, cuando el conductor de un automóvil o su acompañante permanece sentado e intenta levantar una bolsa del asiento trasero, moviendo el brazo hacia atrás, y luego lleva el peso hacia delante. También es común ver este problema en quienes realizan actividades en donde la rotación del hombro se ve agredida, o en aquellos individuos que cargan bultos o utilizan mucho el martillo.

Tratamiento de la tendinitis rotuliana

En un primer momento, cuando solo se sienten molestias en la rodilla después del ejercicio o al día siguiente, se recomienda el empleo de antiinflamatorios no esteroideos (AINE), fisioterapia y ejercicios excéntricos. Asimismo, proporciona un gran alivio la aplicación de hielo después del ejercicio y de calor cuando han transcurrido 48 horas.

El tratamiento inicial debe apoyarse, fundamentalmente, en el reposo, practicando solo aquellas actividades que no produzcan dolor e ir incrementando progresivamente el nivel de ejercicio.

Cuando el problema se agrava y se cronifica es cuando hay que recurrir a técnicas más complejas. Importancia del plasma rico en plaquetas, tan popular entre los deportistas de élite. Se infiltra dentro del tendón y en la vaina que lo recubre allí donde se observa mediante ecografía que hay lesión.

Finalmente, hay casos en los que no queda otro remedio que recurrir a la cirugía, que consiste, en abrir la vaina del tendón, quitar las partes enfermas y hacer una escarificación (cortes) longitudinal del tendón para favorecer el aporte de sangre y la cicatrización.

El ‘running’ aumenta los casos de tendinitis rotuliana

El runningfooting, correr o jogging, son algunos de los términos más usados para referirse a la carrera continua. Esta disciplina, en principio, la puede practicar cualquier persona y se suele realizar al aire libre. En los últimos años ha aumentado considerablemente el número de personas que se ha sumado al running por los beneficios físicos y mentales que aporta al organismo.

Pero lo cierto es que la abundancia de corredores se ha traducido en más lesiones deportivas. Es lo que ha sucedido con la tendinitis rotuliana, que es más propia de los deportes de salto, como el baloncesto, el voleibol o el balonmano, en los que alcanza una prevalencia del 30 por ciento. En el running es mucho menos frecuente -en torno al 7 por ciento de quienes lo practican-, pero el auge de esta modalidad deportiva ha hecho que gane importancia.

La tendinitis rotuliana es un proceso inflamatorio del tendón que conecta la rótula con la tibia y de la vaina que lo envuelve.

Sus síntomas más característicos son:

  • Dolor
  • Inflamación
  • Impotencia funcional

El perfil típico de esta lesión es un deportista joven con actividad deportiva intensa. Pero no solo se asocia a la práctica deportiva; también puede presentarse en personas que no hacen ejercicio físico de forma habitual.

La tendinitis rotuliana es relativamente habitual en corredores que tienen microtraumatismos de repetición que generan microrroturas tendinosas en el punto e inserción con la rótula. En este sentido, no es extraño que surja en personas que no han hecho actividad física buena durante la infancia, cuyos tendones no están preparados, y empiezan a correr con cierta edad.

Prevención

La mejor manera de prevenir esta lesión es seguir un entrenamiento de intensidad progresiva y reducirla cuando aparece el dolor.

Además de  hacer estiramientos tanto antes como después del ejercicio para que el tendón tenga una mayor elasticidad.

Los expertos recalcan la importancia de actuar ante los primeros síntomas de dolor en la parte anterior de la rodilla. En un primer momento, la molestia solo se presenta después del ejercicio. Cuando la lesión está un poco más avanzada, también duele durante el ejercicio. Si el dolor comienza nada más iniciar la práctica deportiva, es un signo de mayor gravedad. Finalmente, la lesión alcanza su máxima expresión cuando incapacita para practicar deporte.

Cuando la lesión se ha cronificado, el tratamiento es muy complejo, pero si se encuentra en las primeras fases hay opciones terapéuticas que ofrecen resultados muy satisfactorios. Esta tendinitis se puede asociar con lesiones completas del tendón, que son lesiones muy evolucionadas.

La rotura del tendón requiere un tratamiento quirúrgico en el que hay que suturarlo otra vez a la rótula. Los afectados pueden tardar de un año a año y medio en volver a correr.

Muchas personas a las que les duele siguen corriendo, lo que da lugar a que lleguen a la consulta con una situación muy complicada. Hay que acudir al especialista ante los primeros síntomas. Es entonces cuando se pueden poner en práctica medidas bastante sencillas pero muy eficaces.


Consejos para los pacientes con artrosis

La artrosis consiste en un “desgaste” del cartílago articular que puede ser progresivo. La enfermedad puede afectar a cualquier articulación, pero las más frecuentes son las de las manos, la rodillas, las caderas y la columna vertebral (cervical y lumbar). Contrariamente a lo que muchas personas piensan, la artrosis no es una enfermedad exclusiva de la vejez; cualquiera puede padecerla. La artrosis aumenta con la edad, y es más común en la mujer y en personas genéticamente predispuestas pero -aunque muchos de estos factores no se pueden modificar- evitar su aparición y progresión es posible.

Durante las épocas frías, los síntomas de la artrosis suelen empeorar y eso hace que aumenten el número de consultas que se hacen a los consultorios médicos. Son millones las consultas que por este motivo se hacen al año en España.

Peso corporal idóneo 

El sobrepeso es una de las causas de la enfermedad, y además hace que esta progrese más rápidamente. Si está ud obeso o con sobrepeso, inicie algún programa dietético que le haga adelgazar; su médico puede ayudarle en este aspecto. No son necesarias dietas especiales, ni existen alimentos completamente prohibidos en esta enfermedad. Una dieta baja en calorías es suficiente

Calor y frío

En general, el calor es más beneficioso en la artrosis. Se puede aplicar de forma casera, con la esterilla eléctrica o la bolsa de agua caliente colocadas sobre la articulación dolorosa. Alivian el dolor y relajan la musculatura. En ocasiones, la articulación artrósica puede tener un intenso brote inflamatorio y, en esas ocasiones, es útil aplicar frío local mediante bolsas de hielo o baños fríos.

Medicación

Se dispone de muchos tipos de medicamentos que pueden ser beneficiosos en esta enfermedad. Existen analgésicos, antinflamatorios, geles y cremas, infiltraciones locales y fármacos que pueden evitar la progresión de la artrosis. Sin embargo, ha de ser su médico o reumatólogo el que decida, en cada momento de la evolución, cual es el adecuado para usted. No se automedique. Las terapias llamadas alternativas -como la acupuntura, osteopatía, hierbas..- no han demostrado su eficacia científicamente, pero si desea emplearlas, consulte antes a su médico para evitar problemas.

Hábitos posturales

Duerma en cama plana. Evite sentarse en sillones o sofás hundidos, y use sillas con respaldo recto, donde sus caderas y rodillas mantengan una posición natural y sus pies estén en contacto con el suelo.

Ejercicio

El ejercicio protege la articulación y aumenta la fuerza de nuestros músculos. Disminuir al máximo la movilidad, hace que la persona artrósica se convierta en dependiente de los demás. Es bueno caminar, ir en bicicleta y practicar la natación, pero los deportes de contacto o de gran sobrecarga física son menos recomendables. Existen también ejercicios específicos para cada articulación que esté afectada por la enfermedad.

Reposo

No es contradictorio con el punto anterior. La artrosis es una enfermedad que cursa con periodos intermitentes de dolor, y durante las fases con mayor dolor el reposo relativo es beneficioso. También es bueno intercalar pequeños periodos de reposo durante las actividades de la vida diaria.

No sobrecargar las articulaciones

No coja pesos excesivos, procure no caminar por terrenos irregulares y no estar de pie excesivamente sin descansar. Use un carrito para llevar las compras. Si padece artrosis de rodilla o cadera, el empleo de un bastón para caminar disminuye la sobrecarga de esas articulaciones.

Calzado adecuado 

Si tiene usted artrosis lumbar, de caderas o de rodillas, debe emplear un calzado de suela gruesa que absorba la fuerza del impacto del pie contra el suelo al caminar. Esto también puede conseguirse con plantillas o taloneras de silicona que se colocan en el zapato. No use zapatos con tacón excesivo. Es preferible emplear zapato plano o con un ligero tacón.

Balnearios

Los balnearios aplican aguas mineromedicinales, generalmente termales, para el tratamiento de la artrosis. Con ello consiguen mejorar el dolor y relajar la musculatura contracturada. Los llamados centros SPA (salud por el agua) realizan tratamientos estéticos y de relax mediante el uso de agua que, sin embargo, no tiene características mineromedicinales como la de los balnearios. Ambas formas pueden ser útiles en la artrosis.

Actitud positiva

La artrosis, a pesar de todo, permite mantener una vida personal y familiar completa, con muy escasas limitaciones. En los casos más avanzados y de peor evolución, existen tratamientos quirúrgicos que pueden solucionar el problema.


¿Cómo se produce la rotura del pectoral mayor?

La rotura del pectoral mayor es una lesión infrecuente -aunque no rara- en España. Suele ocurrir en deportes de mucha fuerza o contacto físico, e incluso se ha relacionado con el uso de esteroides o anabolizantes.

De los músculos de la pared torácica anterior, es el que se encuentra proporcionalmente sujeto en mayor medida a una lesión de sus inserciones. Sin embargo, cuando este músculo es sometido a cargas pesadas, existe la posibilidad de producirse roturas fibrilares e inclusive de sus inserciones distales.

La rotura, aunque es infrecuente, no es rara en deportes donde el pectoral es sometido a cargas pesada, o ejercicios de contacto o lucha. El diagnóstico precoz es esencial, ya que el tratamiento quirúrgico en fases tempranas proporciona excelentes resultados.

Según el Doctor Leyes, hay dos mecanismos básicos en esta lesión: uno es una “contracción brusca del músculo pectoral, típico en posiciones de extensión y abducción; como ocurre, por ejemplo, al hacer press banca”.

El otro mecanismo –continúa- “es el bloqueo, que se produce en deportes donde el brazo ejerce una rotación externa; un movimiento de separación y abducción”.

Rotura del pectoral mayor

La rotura del pectoral mayor es una lesión que suele producirse con la práctica de deportes como son el fútbol americano o el culturismo. Debido a que estas actividades no son muy populares en España, pocos cirujanos tienen la experiencia necesaria para realizar con éxito la intervención.

Causas

Existen dos causas que pueden provocar esta lesión:

  • Contracción brusca del músculo pectoral, típico en posiciones de extensión y abducción como ocurre por ejemplo al hacer press banca
  • Bloqueo que se produce en deportes donde el brazo ejerce una rotación externa; un movimiento de separación y abducción.

Diagnóstico

Los pacientes notan un pinchazo, acompañado en un chasquido y pronto aparece un hematoma; una esquimosis en la piel de un efecto palpable en el pectoral. Son más frecuentes las roturas parciales que las roturas totales. Y afecta fundamentalmente a las fibras más cortas del pectoral, que son las fibras que van del esternón al húmero.

Tratamiento

Como en la mayoría de las lesiones, un tratamiento rápido ayudará a obtener mejores  resultados. Se puede optar por la vía quirúrgica o por una operación más conservadora. La diferencia entre estas dos opciones viene dada en el paciente, ya que dependiendo del tratamiento, puede perder más o menos fuerza en el músculo pectoral.

La operación es dura, al tratarse de un músculo muy potente. La cirugía consiste en volver a insertar el músculo pectoral desgarrado en el húmero, ya que las zonas que normalmente se rompen son la de la unión del músculo con el tendón, o la de la inserción del tendón con el húmero.

 Recuperación

Una vez realizado el tratamiento, hay que ser muy precavido en el postoperatorio, y sobre todo, hay que cuidar el músculo mientras cicatriza. Si se siguen todos los pasos correctamente, el paciente puede comenzar a potenciar el pectoral a los tres meses. Así, en el caso de un deportista de élite, de cara a volver a la competición estamos hablando de unos 4-5 meses.

Se trata de un diagnóstico y tratamiento rápido y eficaz. La práctica deportiva con la ruptura del pectoral mayor no se puede ejercer de ningún modo, y si se hace, sobre todo en el caso de profesionales en deportes de contacto y fuerza, el músculo podría perder mucha energía, y en la peor de las posturas, si no se opera a tiempo, el deportista incluso podría no volver a competir.