Cómo recuperarse de un esguince

El esguince de tobillo es uno de los más habituales, tanto en deportistas como en no deportistas. Esto se debe a que es una articulación de carga, como la rodilla, y resulta fundamental en infinidad de gestos deportivos, pero también de la vida diaria. Ahora bien, no todos son igual de complicados, por eso los clasificamos en distintos grados según la gravedad:

Esguince de grado I (se puede caminar pero con dolor). Lo que se ha producido es una distensión de ligamento, pero la rotura de fibras no supera el 5%.

Esguince de grado II (inflamación, derrame y dolor intenso). Se produce rotura de ligamento (generalmente no superior al 50%), lo que dificulta la carga en esa articulación).

Esguince de grado III (rotura, falta de estabilidad y pérdida de función). Éste es el esguince más grave, con rotura en gran parte de su estructura. Desde el primer momento, no podemos apoyar el pie, la inflamación se hace visible y notamos un dolor muy intenso.

Tratamiento

Lo primero de todo, aplicar hielo en esguinces de I y II grado y dejar la articulación en descanso. También será de gran ayuda el uso de baños de contraste, masaje circulatorio y distintas técnicas de electroterapia, fundamentales para drenar el derrame, bajar la inflamación y paliar el dolor.

Aunque en algunos casos se requiere inmovilización completa e incluso tratamiento quirúrgico (grado II-III), la gran mayoría de los fisioterapeutas, tienden a un reposo relativo y una mínima inmovilización y optan por vendajes neuromusculares y funcionales que nos aseguren la estabilidad de la articulación afectada, el reposo necesario para el ligamento que tiene que reparar sus fibras y favorezcan el drenaje del hematoma. Eso sí, no debemos olvidar que, mientras tanto, debemos mantener la funcionalidad de todas las articulaciones vecinas para evitar que se atrofien y facilitar posteriormente la recuperación.

Una vez realizado este proceso, la recuperación pasará por distintas fases. Cuando hayamos pasado la más aguda, debemos centrarnos en recuperar la función, ir ganando recorrido articular, trabajar la propiocepción y potenciar la musculatura adyacente. En todo momento tendremos que comprobar las posibles compensaciones que esté haciendo el paciente, testar que el astrágalo (hueso articulado con la tibia y el peroné) no esté anteriorizado o si están apareciendo puntos gatillo que puedan entorpecer la evolución.

En  la fase final, tendremos que estudiar en concreto la actividad del paciente y entrenarle progresivamente para su vuelta. Iremos aumentando la carga (en cuanto al apoyo sobre tobillo) de parcial a total y posteriormente el impacto (saltos, zancadas…) Eso sí, se recomienda que la vuelta a la actividad deportiva se realice con protección de la zona lesionada, por el efecto físico y psicológico que puede producirse.

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Acerca de leyesfloresco

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